El primer triunfo…

Anoche ganó Deportivo Temuco por primera vez luego de 10 derrotas consecutivas. Y fue de visitante, en territorio enemigo, allá en Concepción frente al aguerrido plantel de Arturo Fernández Vial. Una revancha esperada por aquella primera derrota de la serie al empezar el campeonato acá en casa. Primera victoria. Primeros abrazos. Primeras sonrisas en la cara de todos. Primera semana alegre en las calles de la capital de la Araucanía. Seguro que vamos a encontrar una mejor atención en las tiendas, en los colectivos, en las micros, capaz que hasta los estudiantes estudien más y protesten menos.

Este triunfo ha sido como el primer paso de un niño que está aprendiendo a caminar, el primer siete en la escuela, el primer beso robado a la vecina, el primer sueldo, el primer viaje de vacaciones solo…Todo un hito en un grupo humano que se había acostumbrado al fracaso. A la rechifla, a la desilusión, a la impotencia de tratar y no poder, a creer que no se puede. Ayer se le torció la nariz al destino. Se rompió esa malsana rutina de volver cabizbajo al camarín. De enjugar una lágrima a escondidas. De la vergüenza de no saber responder a lo que se espera del equipo.

La semana pasada se atisbó un cambio de actitud en la cancha. Se luchó con ardor y algo de mayor cohesión. La respuesta del público fue impresionante. Parecía la final del campeonato, estadio casi colmado, trasmisión televisiva por cable, quién diría que estaba jugando el colista de la Segunda División y que llevaba 0 punto después de toda una rueda de partidos. No se ganó, pero quedó algo flotando en el ambiente a pesar de la derrota.

Esa efervescencia tenía un nombre, sin embargo. Se llama Eduardo. Alguien que vende. Y de qué manera. Logró posicionar a Temuco en la primera fila de la notoriedad publicitaria. Por algo se empieza. Y ahora viene la producción. Comenzó. Los primeros tres puntos en cancha. Que no sólo fueron importantes para los 11 jugadores, sino que también fueron un hito para E.B. Primer triunfo como entrenador profesional de fútbol. Y no será el último, estoy seguro.

Es verdad que el equipo carece de valores desequilibrantes. Pero un grupo de obreros también puede construir una catedral. Basta que estén convencidos que pueden. Una fe ciega en el éxito es requisito fundamental para lograr algo. Y la convicción que no somos menos que el otro, que la meta a lograr está al alcance de nuestros medios, que con trabajo y fuerza de voluntad podemos transformarnos en una avalancha arrolladora, cambia cualquier debilidad en un poder victorioso. Recomiendo la emocionante película con Emilio Estévez de 1992 “Los poderosos patos” (The mighty ducks!) : “Nunca había sido entrenador, nunca habían ganado”. Historia maravillosa de unos niños hockistas torpes y atolondrados que bajo la dirección de un inexperto e improvisado entrenador, pero genial conductor de voluntades, lleva al equipo a ser campeón de la liga.

Algo de esto desea lograr EB. Y tal vez lo consiga. Ya se nota el cambio. Si haces de este equipo un grupo competitivo y al final del año demuestra que no es menos que los demás y mejor que muchos, me inclino ante tí “Gurú”, “maestro”, genio.

Terminado el partido en Concepción, EB pidió ir al mall. Necesitaba otro buzo. Se acercó a una vendedora de una elegante tienda de ropa deportiva y pidió uno talla XXXL. Ya no cabía en el que estaba usando.

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