Gloriana.

Gloria Ana Chevesich Ruiz. Una mujer de verdad. Esta abogado, ministra de la corte, nieta de inmigrantes croatas, mal inscrita en el Registro Civil donde se le agregó una “h” a su apellido, ha demostrado cómo se comporta una mujer de verdad en este mundo de hoy tan irresponsable y disperso. El chileno, claro está. Ella ha mantenido una conducta y una sobriedad ejemplares.

En el mes de julio del año 2004 quedó viuda por el fallecimiento de su esposo, el también abogado Andrés de la Maza Camus, con quien compartiera una feliz relación por 24 años. No pareció quebrarse, su dolor lo ha sobrellevado estoicamente en su interior, tal vez como herencia de esa sangre balcánica tan golpeada y sufriente. Sus dos hijas, tan brillantes como ella y de gran porvenir profesional, son su consuelo actual. Y con ellas comparte una vida familiar de mucha cercanía.

Y su trabajo, no debemos olvidar que su tarea en encomiable. Juzgar las irregularidades de funcionarios del gobierno de turno. Y del pasado. Recibir las críticas oficiales, y quizás cuántas presiones. Con serena firmeza y corrección no dudó en llamar la atención al mismísimo presidente de la Corte en su momento al considerar que alguna de sus actitudes escapaba del justo proceder. Su rostro sereno no pierde la armonía y la paz de su mirada deja evidencias del seguro control que anida en su interior. Gran fortaleza trasmite esta mujer. Admirable.

Unos días atrás se vio sometida a un requerimiento violento de fuerza moral. Fue agredida al interior de su automóvil por un grupo de vociferantes y atávicos manifestantes en el curso de una protesta juvenil. Sufrió la vejación de verse cobardemente atacada, en franca minoría, e identificada como ministra, desconocida su autoridad y fuero. Pero no se inmutó, al menos esa fue la imagen que dejó ver. Fue ella sola más que todos los rufianes que la atacaban.

Adelante ministra. No necesita demostrar ninguna cosa, su sola presencia impone el respeto y la admiración del trabajo bien hecho. Nada más lejos que usted de la farándula anodina que nos aturde, pero sin embargo le aseguro que más de la mitad de todo Chile la admira con sinceridad y la tiene como ejemplo de temple y corrección. Una bella mujer, elegante, digna, sobria, segura de sí misma, orgullosa de su importancia, pero en las sombras. Sin propaganda, sin ostentación. Como son los grandes de verdad. Y usted lo es.

Desde esta simple y modesta tribuna vayan mis sentimientos de admiración y los mejores votos para que logre cumplir con sus propósitos, para la satisfacción de sus deseos personales. Esos que a solo usted importan.

Algo también nos une. A mí me gusta igualmente leer historia novelada. Quizás pudiéramos intercambiar algunos títulos ¿no cree usted?

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