Transantiago III: tribulaciones de un chileno en Chile.

Esta saga va para largo. Recién está comenzando. Va a dar más tema que la “Guerra de las Galaxias”, que nos tuvo a todos en vilo en los 80. Esta epopeya “espacial” nos tiene a todos en ascuas, haciendo filas y apretaditos…O que “El señor de los anillos”, que llenó de fantasía el 2000, haciéndonos sumergir en batallas fantásticas con seres increíbles. Hoy “Iván, el señor de la BIP”, nos tiene librando epopéyicos combates para lograr un espacio en el Metro y realizar la fantasía de llegar a tiempo al trabajo.

El nombre de este capítulo pretende apuntar a los sucesos que un simple ciudadano de provincia tendrá que vivir cuando llegue a la capital. Santiago es Chile, se dice con razón, hasta hoy, y, como en el caso de Roma, todos los caminos convergen hacia allá cuando es necesario proveerse de algún bien más complejo que no tenemos en las provincias. Y hay que ir a buscarlo a Santiago. Todavía se emplea con cierta ironía en todas partes, cuando uno va a a la Región Metropolitana, la expresión “voy a ir a Chile”.

Pero otro título alternativo a este texto, y estuve tentado de escribirlo así, sería “Transantiago III: la más eficaz estrategia de descentralización del Gobierno”. Me parece bien, si lo que se ha buscado es desincentivar a la gente para vivir en Santiago, alejarlos de la capital y hacerles la vida más complicada en esta metrópolis. Eso lo está logrando. Buena táctica, y podría resultar más eficiente que todas las otras tibias políticas desarrolladas hasta hoy que bien poco han servido para descentralizar efectivamente al país. Todos los informes económicos nos dicen que Santiago consume el 60 % de los ingresos teniendo sólo el 40 % de los habitantes y crece más que las regiones. Y algunas, como la Araucanía, apenas logran el crecimiento vegetativo.

Llegué a Santiago un domingo en la mañana, tratando de evitar la congestión de un día lunes. Pensé que eso era lo mejor. Tomaría tranquilamente el metro, como hacía antes, y me iría hasta la estación Los Militares para salir y tomar una micro que me llevaría a mi destino en 10 minutos más. Gastaría unos 700 pesos. Y demoraría unos 40 minutos, más o menos. Ahora me ocurrió lo siguiente: llegué al terminal de buses cerca de las siete de la mañana, junto con otras decenas de buses más provenientes de los lugares más variados, como sucede siempre. Pero cuando quise dirigirme al túnel del metro, me encontré con la sorpresa que estaba bloqueado por una gran multitud, agolpada en el túnel, muchos en el suelo, con equipajes y mochilas, llegando hasta el mismo terminal en la apetada fila. El metro sólo empezaba a las 8:30 y este gentío no tenía tarjeta BIP, igual que yo, por lo que no podía tomar buses externos, como hacía antes. Y tampoco vendían tarjetas BIP en el terminal, o si lo hacían, cosa que ignoro hasta hoy, las oficinas estaban cerradas a esa hora. Total, tuve que tomar un taxi en la Alameda, ya que la fila para tomarlos dentro del Terminal era casi tan larga como la del metro, y llegué a mi destino en un plazo razonable, pero a un costo de 8 mil pesos que me cobró el taxi. Con esta realidad pensaré tres veces en volver a Santiago.

El Gobierno es valiente. Hay que reconocerlo. Al César, lo que es del César. Hay que serlo para atreverse a instalar estas políticas de descentralización a un costo de popularidad muy grande. La última encuesta del El Mercurio, aparecida hoy, así lo revela. Se encarece el sistema de transporte, se hace más tedioso, se aprovecha mejor el metro – enorme inversión a la que se debe sacar la debida rentabilidad – se disciplina a la población, se promueven actitudes más saludables como es levantarse más tempano y caminar mucho, lo cual tonifica el corazón y combate la obesidad,  se cuida la seguridad del pueblo al permitirle regresar a una hora prudente a sus hogares (los centros nocturnos de diversión han disminuido en 40 % sus parroquianos), en fin, son muchas las ventajas. No hay que malvalorar el esfuerzo gubernamental. No seamos malagradecidos.

Las propiedades en provincias van a subir de valor. Con los casinos nuevos y la inminente migración masiva en reversa de los habitantes de la capital, se vaticinan tiempos de progreso y crecimiento insospechados en las regiones. Viviremos en el país de Jauja regional. Al fin veremos llegar la alegría tan largamente prometida y nunca vista. Esta debe ser la oportunidad…

¡Gracias, Transantiago! ¡Gracias Michelle!

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