¡Viña tiene Festival…!

Llega febrero y el ambiente artístico chileno empieza a moverse en torno al evento tradicional del Festival de la Canción de Viña del Mar. También aumenta la espectación de los entusistas seguidores de este espectáculo que tienen la oportunidad de ver en directo a sus artistas preferidos, acercarse ocasionalmente a ellos en la entrada de los hoteles y atrapar una foto o autógrafo. La TV, comentaristas, prensa y radio, hacen su agosto en estas fechas. Muchos secundarios quieren aprovecharse y saltar a la fama a través de un pequeño escándalo. Todo sirve. Los piscinazos de féminas ligeras de ropa, transparentes trajes deslumbrantes, rivalidades de figuritas top que se agreden en el fútbol playero, ácidas críticas a la labor de los animadores, exaltación de los espíritus, fiestas por doquier hasta altas horas de la madrugada. Al final, siempre quedará un recuerdo más o menos memorable de la versión de cada año. festival.jpgPero un hecho es siempre permanente y resulta clásico: nadie se acuerda después de la canción ganadora de la competencia internacional. Con honrosas excepciones. Respecto a Chile, hasta ahora ha ganado en 20 ocasiones, las más recordadas con “Canción a Magdalena” de Julio Zegers, en 1970, que fuera grabada en Argentina después por Piero. Y en 1978 Fernando Ubiergo logra la Gaviota de Plata con “El Tiempo en las Bastillas”, que hasta hoy es difundida por radios. Ubiergo salta a la fama y en 1982 gana el Fertival de Benidorm en España. En lo internacional, tal vez lo más relevante fuera en 1976 cuando Romuald defiende por Francia la canción “Laissez moi de temp” de Caravelli, Jourdain y Romuald que obtiene el segundo lugar. Después, Paul Anka toma esta canción y la adapta al inglés entregándosela a Frank Sinatra que la hace famosa en el mundo entero con el nombre de “Let me try again”. El año 2000, en un recuento de las mejores canciones de Viña, Peabo Bryson logra el cetro con esta misma canción, ya difundida como un éxito.

En 1969 andaba de paseo por Viña del Mar visitando a mis primas menores. Una de ellas me invitó a la Quinta Vergara. Interesante. Asistir al mejor espectáculo en vivo del Chile de esos años se veía como una alternativa digna de ser aceptada. Formamos un pequeño grupo y nos dirigimos temprano al recinto para ocupar las mejores localidades posibles en la galería. Era bastante alto, pero la visibilidad resultaba adecuada y el audio, impecable. Reímos, gritamos, bailamos, mis primas aullaron todo lo que quisieron hasta quedar un poco afónicas, encendimos antorchas de papel cuando el artista lo ameritó. Especialmente uno de ellos, cuya actuación paso a relatar.

En un momento del show, César Antonio Santis, el animador estable, anuncia al ganador de Benidorm, España, que por convenio con esa organización tiene el derecho a cantar en el Festival de Viña del Mar, al igual que el chileno que gane Viña lo puede hacer en el encuentro español. Había mucho bullicio, el conjunto sueco que estaba anteriormente tenía a toda la Quinta bailando, el que fue anunciado era un desconocido. Se apagaron las luces y luego un foco blanco-azulado iluminó el centro del escenario donde un solo artista, vestido rigurosamente de blanco, aparecía sentado en un pisito acompañándose de una guitarra. Con un gesto de su mano solicitó silencio. Como hubiera muchos renuentes, habló por el micrófono pidiendo al público chileno, ese entrañable y formidable público chileno, un poco de generosidad para poder cumplir con su cometido de esta noche que era cantar. Y tenía la intención de cumplir. Y con mucha humildad y respeto solicitaba que dejaran hacerlo. Impresionó esa modestia y la prestancia del tipo. Hay que reconocer que tenía una imagen atractiva y la forma de presentarlo, capturando toda la atención del escenario, fue acertada.

Comenzó a cantar. Una voz suave y melodiosa entonaba una hermosa canción jamás escuchada por nadie. Se hizo un silencio lleno de espectación y sorpresa que sólo fue interrumpido al final por los nutridos aplausos del público más cercano al escenario. Esto envalentonó al cantante, que más animado, ofreció otra canción. Esta vez los aplausos fueron generalizados. Contó su historia por primera vez. Hoy es una anécdota clásica en la vida de este artista. Siguió cantando, cada vez con más y más respuesta del público, que al final lo despidió con antorchas de papel en medio de una batahola gigantesca.

El artista era nada menos que Julio Iglesias. Nunca olvidó esa jornada, que resultó, en la práctica, el lanzamiento de su carrera internacional.

Veremos este año quiénes serán triunfadores y cuántos los devorados por el monstruo.

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2 Respuestas a “¡Viña tiene Festival…!

  1. es muy bonito!!!
    pero falta musica

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