Rothemburg ob der Tauber.

rothemburg.jpgAsomándose a la Ruta Romántica encontramos el valle del río Tauber donde Rothemburg es la joya que engalana esta corona. La ciudad y sus fortificaciones, puertas, ayuntamiento, empinadas torres, hermosas casas de entramado y calles empedradas, no han cambiado desde la Edad Media. Aquí es posible vivir la historia, recrearse en un momento de mercado, pasear por callejuelas sombrías, tomar un respiro en los jardines del castillo con las mejores vistas del río y la ciudad vieja. El clásico paseo por la muralla resulta un imperdible. Desde aquí se obtienen las mejores vistas de las torres, las agujas y del campo que rodea la ciudad vieja. Las cámaras se atropellan para poder captar cada uno de los rincones como salidos de un cuento de hadas.

Rothemburgo te hace sentir como en medio de una escenografía preparada para una película medieval. Pero es real. Hay una mezcla armónica de lo verdaderamente antiguo y el funcionamiento de una localidad moderna en plena actividad. Las tiendas conservan la forma y el estilo de época, pero en el interior se disfruta del mundo de hoy. Hasta el Mac Donald, tan ubicuo como para estar también en este sitio, anuncia su posición con un llamativo pendón medieval.

En la plaza principal se encuentra el Ayuntamiento; a su lado, la Casa de los Concejales, donde a las 11 de la mañana se puede ver dos figuras que se asoman desde la ventana y toman un vaso muy grande de vino, recordando la salvación de la ciudad por parte de los luteranos (El Trago Triunfal). 

Visitamos el Museo del Crimen (Kriminalmuseum), donde se muestran los horrores propios de los ajusticiamientos antiguos, torturas y elementos de disuasión o confesión que eran empleados para estos fines. Impresiona. Entre otras cosas, se puede ver decretos, las conocidas máscaras de la vergüenza, el cinturón de castidad y la silla de interrogatorios para los enjuiciamientos de las hechiceras.

Más simpática es la visita a la gran tienda de artículos de Navidad, puesto que Rothemburg es famosa por tener todo el año los mejores adornos navideños y objetos relacionados con esta fecha. Hay un museo de la Navidad que encanta a grandes y chicos.

Estuvimos en un hotel pequeño de la Spitalgasse, la calle de la iglesia del Espíritu Santo, adaptado en un viejísimo edificio de gruesos muros, cómodo, con mobiliario de maderas pesadas. Me sentí como un viejo caballero teutónico que reposaba después de servir en las cruzadas. La foto que ilustra el artículo es un enclave clásico. Es el Ploenlein con la bifurcación de las calles por delante de la torre Siebers, construida a fines del siglo XIV. Bajo su arco debíamos pasar cada vez que nos dirigíamos a nuestro hotel.

Hermosos recuerdos de esta maravillosa localidad, muy poco dañada durante la guerra, que recomiendo muy sinceramente no dejar pasar en cualquier visita a Alemania.

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