¿Queremos realmente fútbol profesional?

Me gusta el fútbol. Como a muchos. Por su fuerza, destreza, capacidades tácticas, competitividad, belleza en las jugadas de precisión, plasticidad de los arqueros, emoción en los arcos, el grito de gol, que descarga el alma del aficionado, liberando las tensiones y exaltando el ánimo. Un gol trae la felicidad plena en un momento sublime y explosivo. Los aficionados lo saben, por eso lo buscan cada fin de semana o en los campeonatos extraordinarios. Es una de las razones más poderosas que hace ir al público a los estadios.

Ayudé a formar un club durante mi vida universitaria. Jugué dos años en él y una vez llegamos a una final. Era una liga paralela a la Liga Universitaria, más conocida, pero mucho más dura. Club de Deportes Rassalague. Camiseta azul piedra y negro en rayas vericales. A la italiana. Pantalón negro, medias negras con vuelta azul piedra. Cada domingo significaba levantarse muy temprano para ir a jugar a lejanas canchas de barrio santiaguinas, de tierra, “camarines ventilados” al costado del campo, duchas en la casa después. Una sola cancha en La Frorida, cuando era campo abierto y parcelas de cultivo, ofrecía césped relativamente adecuado para un buen partido.

El núcleo de este equipo era formado por estudiantes de Medicina de la Universidad de Chile. Aquí jugaron notables médicos futboleros: Héctor Castillo Pinto, central notable, seleccionado universitario, hoy reconocido traumatólogo en Arica; Alfonso Calvo, nuestro “nueve” goleador insigne, distinguido cirujano; Jorge Vergara Calderara, motor del equipo, “el Choche” mandaba en la cancha, armador de pases precisos, hoy pediatra infectólogo de prestigio; Juan Hasfura Facuse, gran pediatra en La Serena, puntero izquierdo de llovidos centros “a la olla” que “Poncho” capitalizaba con certeros cabezazos; Fernando Crovari Tordecillas, cuyos tiros libres con “chanfle” inflaron muchas redes, traumatólogo; pasaron por el club también Orlando Gatica Rodríguez, oftalmólogo en Rancagua, Juan López de Santa María, urólogo, Claudio Back, Renzo Zamboni…

Fútbol de barrio, entusiasmo juvenil, pasión de multitudes. Que se extiende hacia la comunidad espectadora e hincha de algún club. Que acompaña a los equipos, que sabe vivir la fiesta del fútbol. Fiesta que algunos maleantes violentos han tratado de arruinar. Afortunadamente en Europa ya han logrado superar esta lacra. Debemos esforzarnos nosotros también acá para recuperar esta pasión popular que mueve a los pueblos y…a los millones de dólares.

Un equipo de fútbol de provincia logra identificar a los habitantes con sus colores. A los futbolizados, que son muchos. Pero este espectáculo no es gratuito. La puesta en escena de un campeonato y la participación en él, para llegar a instancias finales de representar al país en justas internacionales, e incluso disputar la final mundial en Japón, parte por el partido dominical jugado en casa. Con un plantel competitivo. Con apoyo de los socios y simpatizantes, con la adhesión sin reservas por el equipo. “Pan y circo” ofrecían los emperadores romanos al pueblo para tenerlos satisfechos. El circo era gratuito, una concesión graciosa del emperador para entretener al pueblo en mayor gloria de su honra. El fútbol profesional debe ser financiado, es una actividad empresarial, el espectáculo no es gratuito. Y esos fondos deberán salir de quienes gustan de esta actividad espectáculo. Si no es así, habrá que conformarse con las donaciones del Estado para fomento del deporte y no pasar de la etapa meramente deportiva y aficionada. Como fue el  glorioso Rassalague F.C. Y aceptarlo.

Temuco quiere y merece estar en el fútbol profesional. Hay trayectoria e historia detrás de eso. Pero ¿estamos dispuestos a identificarnos realmente con el emblema albiverde? Eso significa meterse la mano al bolsillo, aportar cada uno lo suyo. No hay otra alternativa. Recuerdo cuando vivía en Calama, todos éramos de Cobreloa. Junto con el contrato de trabajo nos pasaban la solicitud de socio del club. Nadie se atrevía a no firmar, aunque no le gustara el fútbol, lo hacía por solidaridad. Por eso los naranjas fueron y son grandes; hay respaldo. No hay otra forma.

¿Queremos fútbol profesional en Temuco? La respuesta la tenemos nosotros mismos. A comprar acciones de Temuco F.C. S.A.

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Una respuesta a “¿Queremos realmente fútbol profesional?

  1. Claudette Eulufi Canu

    Querido Ciro al leer tus reflexiones sobre el fútbol recordé que en mi juventud solía acompañar a Fernando al estadio y lo pasabamos muy bien, también en Salvador gocé con el Cobresal, pero actualmente lo pensaría 100 veces antes de ir a ver un partido de la U con el Colo o la UC. Parece ser por la violencia moderna. En todo caso el Rassalague F.C. sigue siendo un recuerdo vívido y cálido. Mencionas a Alfonso, no se si sabes que enviudó hace poco a causa de un cáncer de mama de Monina. Esta dirección la encontró mi nuera, qien está un poco ociosa en Paris con Fernandito que está haciendo una beca y ella tiene ocupados solo algunos días. No podía perder la oportunidad de saludarte y enviar un cariñoso abrazo a Blanquita. Con cariño para ti un abrazo de Claudette.

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