El día después en píldoras.

Gran polémica sigue causando la llamada “píldora del día después”. No sólo ahora, sino siempre que se ha sacado a la luz el tema de la protección sexual para evitar el embarazo no deseado. Pero ¡cuidado! Si bien estas hormonas pueden evitar un embarazo, no protegen de las enfermedades de trasmisión sexual (ETS). Así es, la tranquilidad y fácil convicción de los más jóvenes de que pueden tener vida sexual sin los riesgos de un embarazo de la pareja habitual u ocasional, pueden fomentar en ellos el impulso a desarrollar más contactos sexuales y vivir en un aparente “paraíso de los tontos”. La promiscuidad sexual va a favorecer, sin lugar a dudas, el aumento de las ETS, tal como ha sido reconocido por CONASIDA en varios de sus informes. Agregando el elevado grado de desconocimiento que los jóvenes tienen sobre las ETS, que son más de 20 patologías y no sólo SIDA y sífilis.

¿Dónde han quedado los planes de una sana educación sexual de los más jóvenes? Un tema tan delicado como éste y de tanta importancia en el futuro de cada individuo o pareja, ¿debe ser tratado solamente como un asunto mecánico, orientado a impedir la concepción por medios físicos, dejando un poco al margen la responsabilidad de crear criterios de paternidad responsable y el manejo maduro de la vida sexual? Y eso siempre que estos métodos sean considerados seguros para evitar un embarazo. Lamentablemente no es así. Hay factores de riesgo que no es posible manejar y que generan un porcentaje de fracasos que ya ha sido medido por los expertos que se dedican a estos temas. Por ejemplo, el dispositivo intrauterino (DIU) tiene hasta un 2 % de fracaso, es decir que de cada 100 mujeres que lo usan, dos pueden quedar embarazadas. Todos conocemos esos casos en los cuales el bebé nace con el DIU en la mano y dice al nacer: “Mamá, aquí está tu T de cobre”. Los anticonceptivos orales también fracasan, aunque en un porcentaje muy bajo (5 %), más a causa del olvido de tomar la píldora que por otras razones. Lo mismo pasa con el preservativo, hay fallas estructurales y de correcto uso que derivan en embarazos accidentales y en algunas estadísticas aparece hasta un 15 % de embarazos en un año de empleo como método único. La “píldora del día después”, o anticoncepción de urgencia, como se le ha dado en llamar, tiene hasta un 2 % de fracaso (*). Un cabal conocimiento de todas estas variables es esencial para manejar adecuadamente estos métodos. Y no parece que eso sea posible a los 14 años… edad que la autoridad ha estimado adecuada para decidir sómo proceder a este respecto.

No hay que ser alarmista para reconocer que sí hay problemas con el embarazo en adolescentes, los cuales muchas veces agravan las situaciones de pobreza y crean mayores dramas sociales. El 45 % de los nacidos en Chile lo hace fuera del matrimonio. Y esta cifra sube al 80 % cuando la madre tiene entre 15-19 años. No cabe duda que estas cifras traducen una crisis en la familia chilena. Al menos en lo que a gestar hijos se refiere. Muchos de ellos tendrán un triste porvenir lejos de sus padres biológicos y a cargo de la caridad institucional o terminarán al cuidado de abuelos que ya han cumplido su misión de crianza o, simplemente, de terceros. El amor paternal es irremplazable y marca el futuro desarrollo emocional del individuo.

Es razonable concluir que se han debilitado las políticas nacionales de sustentación y apoyo a la familia como unidad estructural de la sociedad. El agnosticismo y racionalismo imperantes han llevado a un alejamiento paulatino de los modelos cristianos de una familia unida y solidaria. La trasmisión sólida de valores fuertes, vertical y transversalmente en el seno de la unidad genética del clan familiar, fue uno de los pilares más sólidos de la sociedad constructora de cultura y de base social sana que nos vio nacer. Su rigidez autoritaria puede ser criticada, pero la liberalización de aquélla sin bases valóricas sólidas lleva indefectiblemente al caos y a los excesos sin coltrol. Como estamos viendo que se escapa día a día la convivencia civilizada en nuestro querido Chile. Se entrecruzan los factores de déficit educacional, pobreza, abandono social, promiscuidad y hacinamiento en viviendas y barrios, marginalidad, falta de oportunidades…todo lo cual redunda en fuertes deseos de evasión siguiendo a falsos ídolos como el alcohol, la droga y la sexualidad promiscua.

¡Ninguna píldora de antes ni después podrá reemplazar a la utilización responsable de la función sexual!

(*) http://www.oregon.gov/DHS/ph/fp/docs/edmat/bcpostersp.pdf http://www.kidshealth.org/teen/en_espanol/sexual/bc_chart_esp.html

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