Perdidos en Toledo.

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¿Alguna vez han estado extraviados en algún lugar no conocido, sin encontrarse, durante horas? Eso nos pasó en Toledo, verdadero laberinto mágico que se quedó detenido en el tiempo y en la historia. Antigua capital del Reino de España, por siglos acunó a las tres culturas imperantes: cristianismo, judaismo y al Islam.

Tolerancia que terminó con la expulsión de los moros en 1492 por los Reyes Católicos, que de paso, expulsaron también a los judíos, expropiándoles todas sus pertenencias, que no eran pocas. Pero esa es otra historia, cuyos detalles están en todas partes. Este relato que viene a continuación no está en ninguna.

Veníamos viajando desde Barcelona, todo el día. Después de hacer un alto en Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, decidimos llegar hasta Toledo a la hora que fuera. No teníamos reserva de hotel, pero tendría que haber algo. Zona muy turística, de primer nivel, con un poco de suerte ya veríamos. Llegamos como a las 10 de la noche. Fueron 700 kilómetros con paradas en Lérida, Zaragoza y Alcalá. Dimos una vuelta por el Toledo nuevo y nos dimos cuenta que toda la atracción está en la ciuad vieja, detrás de las murallas, sobre la colina. Subimos por el costado oeste hasta la Puerta del Cambrón llegando al antiguo barrio judío, pero no había espacio en ninguno de los hoteles del área. Bajamos. Y logramos un alojamineto soberbio en la Hostal Puerta de Bisagra, a un paso de la magnífica entrada (calle del Potro 5, dos estrellas).

Decidimos ir a cenar de inmediato a la plaza de Zocodover, centro cívico de la ciudad, antigua plaza de ferias y mercados (zocos, para árabes y judíos). Había un restaurante abierto y pudimos degustar alguna especialidad caliente, que a esa hora nos devolvió el alma al cuerpo. Para llegar allí habíamos subido por las callecitas cortas que se entrecruzan y confunden, sin darnos cuenta que había un camino casi directo, el que siguen los vehículos, ruta casi única, ya que Toledo es practicamente peatonal. Después de cenar, ya cerraban el local, mi hijo decidió irse por otra ruta para tomar algunas fotos nocturnas y nuestra hija con nosotros dos retomamos el camino de bajada. Grueso error no preguntar. Estuvimos deambulando en círculos como una hora y media hasta que logramos llegar al Hostal. Mi hijo no había llegado tampoco, nos acostamos. Como a la hora nuestra hija nos despierta, su hermano aún no llegaba. Me vestí y salimos a buscarlo. Eran como las 3 AM. Hicimos in tour nocturno completo, cada rincón de Toledo fue transitado varias veces. Nada. Apenas cuadrillas de aseadores que manguereaban las calles y una patrulla policial que no había visto a nadie. Le hicimos el encargo. Como a las cuatro y media volvimos al Hostal.

883.jpgEl había llegado. También se extravió y no daba con la bajada hacia la puerta de Bisagra. Tuvo sus experiencias con algunos pájaros nocturnos, simpáticas, pero esas las cuenta él. Al final, sólo quedó una anécdota propia de chilenos algo despistados en el Toledo eterno. Para contarla, para reírse, para recordar un momento diferente. Quizá un poco perseguidos por nuestras vivencias locales en Chile, pero en España se vive hoy de manera muy distinta. Los 2.000 años de cultura son evidentes.

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