Chiloé, tierra de brujos, embrujos y pesares.

Conozco bien la isla grande de Chiloé. No completamente, pero bien. Tuve ocasión de trabajar allí por dos meses durante mi etapa de estudiante universitario. Viví en el terreno lo que significa el aislamiento, la necesidad de navegar mucho, tener que usar avionetas para los traslados urgentes y transitar por caminos muy malos. Aprendí la rica mitología popular, conocí a muchos hijos del Trauco, discreta y sabia manera ancestral de reconocer a los hijos casuales sin recriminaciones ni traumas para la madre ni la familia.

 

Resulta dura la vida del isleño, a pesar de contar con un entorno casi idílico. Hay demasiadas carencias incompatibles ya con una vida moderna y en sintonía con lo que pasa en el resto del país. No cabe duda que este territorio necesita desarrollo. Pero la situación insular no debiera ser una traba al crecimiento y a la mejor calidad de vida. Al contrario, es una ventaja para la conservación de una cultura regional que le da un carácter diferente y la va transformando en un atractivo turístico de primer orden. Si bien es cierto que un puente podría ser un tipo de solución adecuado para acercar a los chilotes hacia áreas con mayores recursos, finalmente se transforma en un medio que sería empleado para huir de la isla y así poder tener bienestar y conseguir soluciones. Quizás el tema del puente sirve como testimonio de la depauperación del territorio chilote. Un llamado desesperado a las autoridades para ser escuchados y aspirar a tener algún grado de independencia económica y social. No es justo que para solucionar necesidades de salud, educación y cultura haya que viajar por horas hacia la capital regional. Y más dramática se torna la situación de los habitantes de las islas secundarias, distantes, a su vez, de Castro o Ancud, a horas de navegación en precarias embarcaciones particulares.

Se dice que los buenos profesionales no desean ir a trabajar a esos lugares por falta de incentivos. Bueno, pues entonces hay que darlos y corresponde a políticas de Estado el definirlos. Las buenas redes camineras, las embarcaciones seguras, rápidas y confortables, hospitales bien equipados, universidades regionales que privilegien las carreras directamente relacionadas con el devenir isleño, creación de centros de investigación acuícula o forestal, una zona franca como ya existió alguna vez en Chiloé, otras franquicias tributarias, en fin, hay fórmulas para dar un impulso fenomenal a esa rica zona nacional. Son pocos los votos, es verdad, pero el futuro de nuestras regiones no debe ser medido por ese parámetro. Hasta la fecha, da la impresión que sólo eso interesara a nuestra clase gobernante.

Chiloé tiene una magia especial que atrae y siempre están dando ganas de volver. Debe ser el canto de La Pincoya.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s