Leer, la entretención más saludable.

Tomar un libro y empezar su lectura constituye una decisión valiente. Al menos en el mundo de hoy, plagado de elementos que distraen de fácil acceso, como la televisión, los juegos de consola, el cine, Internet. Sin embargo, cuánta emoción trae aparejada la lectura de un texto apasionante. Leer un libro es comenzar una nueva aventura. Es entrar a un mundo fantástico, como Alicia a través de su espejo o los niños al ropero que los lleva al país de Narnia. Es tu propia imaginación la que va creando los paisajes, escenarios, personajes, rostros, caracteres, sensaciones. Tan inagotable como sea tu capacidad de crearlos.

¡Incontables veces hemos escuchado la frase “era mejor el libro” al referirse a una película realizada siguiendo el libreto de una novela! Sólo se logra establecer UNA imagen de ese tópico. El libro genera MILES de imágenes, ya que cada lector construirá la suya. Y será diferente a las demás. Y sus vivencias respecto a lo que va leyendo se apoyarán en su esencia particular anterior que podrá compartir y comparar con la de otro lector, enriqueciendo su archivo de emociones en ese tema y aportando su propio sentir. No hay como leer. Es el tiempo mejor invertido.

Cuando era estudiante me obligaban a leer. Debía cumplir una carga de lectura anual obligatoria. Clásicos, latinoamericanos, chilenos, modernos. Conocer los autores que han dado gloria a la literatura universal. Entender su época, saborear su intención al escribir lo que escribieron. Aprender que la base de nuestra cultura hoy se sustenta en lo que ellos vivieron, criticaron, plasmaron en el papel, legaron a los que vendrían. Y se va formando el carácter. Se va creando el hábito. La selección de los textos que irán fomentando el amor por la lectura en los niños va ayudando a querer saber más. Hay grandes colecciones apropiadas para los pequeños y los jóvenes. Y después cada uno agarra un vuelo espontáneo y autónomo que lo irá llevando por diversos caminos que elegirá personalmente.

Ya no se sabe leer a Salgari, Walter Scott, Verne, Dumas, Mark Twain, Arthur Conan Doyle, Wells, Lillo, Alberto Blest Gana, Inostroza, cuyas páginas hicieron vibrar nuestro espíritu aventurero de los primeros años. Más tarde Papelucho y El Principito fueron los héroes de moda, hoy re-visitados afortunadamente, porque pasaron a la categoría de inmortales. Cuánta entretención hubo en las sagas de Geoges Simenon, Agatha Christie, Ellery Queen, con misterios policiales electrizantes que devorábamos para saber el final. Mucha emoción han perdido las actuales generaciones que no han explorado estos caminos de la literatura. La vida “light” de hoy lo impide. El tiempo se hace escaso, no hay paciencia para saborear una novela de más de 50 páginas, más bien, un cuento.

Creo que ha llegado el momento de liberar al libro del impuesto IVA. Esta política debiera formar parte de las reformas a la educación. Como dijo Francisco Huneeus: “La tradición muestra que una de las primeras responsabilidades del gobernante es velar por el desarrollo intelectual de sus ciudadanos como una forma de hacer país. El tener un lenguaje común, el poder escribirlo, leerlo y entenderlo es el primer paso del desarrollo intelectual”. La lectura mejora la calidad del proceso educativo, sin lugar a dudas. Bajar el precio de los libros ayuda a fomentar este hábito. Es una conducta coherente en ese sentido. Muchos países la han adoptado, México, Argentina, Corea del Sur. Otros países tienen IVA diferenciado, como España, Francia, USA …Se lee más allí y eso se nota.

Hay una corriente actual orientada a digitalizar la literatura básica. Se puede leer libros completos por Internet. Gratis. Grandes autores. Pero hay problemas también con eso. No todos tienen un computador a mano, tampoco se puede leer un par de páginas al pasar como cuando tenemos un libro de edición económica en el bolsillo, hay que disponer de tiempo de pantalla, lo cual no es siempre posible y no se va a un cyber a leer, sale caro. Si se quiere imprimir para leer después, hay que tener impresora a mano y la tinta es de costo elevado. Tampoco es tan económico. Al final, lo más práctico sigue siendo el libro que se puede re-leer y consultar, prestar y compartir.

“Erase un pequeño país perdido al sur del mundo con dos Premios Nobel de Literatura…” ¡Qué paradoja! Las encuestas indican que el chileno lee cada vez menos y que apenas entiende lo que lee.

Amigos, los invito a leer. Quizás estas páginas puedan ser el punto de partida para una cofradía de lectores compulsivos, como yo, que podamos intercambiar libros ya leídos y multiplicar entre todos las posibilidades de diversificar las oportunidades. Es una idea. Me gustaría recibir ofertas y opiniones. Desde ya pongo a disposición de todos ustedes mi biblioteca intercambiable que es muy variada. Bastará un simple email con la lista de los libros que se desea cambiar para que la hagamos correr y logremos crear este informal Club de Lectores Compulsivos. ¡Adelante!

La lectura es el alimento del espíritu.

(Visiten

http://www.elaleph.com/biblioteca.cfm

donde encontrarán libros digitales)

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