Teotihuacán.

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Lugar escogido por los dioses para crear el centro del mundo. Y parece ser así. Es una experiencia inolvidable. Su grandiosidad no tiene igual. Los principales sitios arqueológicos se distribuyen alrededor de una explanada de 5 km de largo conocida como “calzada de los muertos”. En un extremo la Ciudadela con el Templo de Quetzacoatl y de Tlaloc. Al medio la Pirámide del Sol, imponente estructura de 220 x 225 metros de base y 65 de altura, construida en el sitio donde el cenit solar del 25 de julio cae sobre su cúspide. En el otro extremo la Plaza de la Luna con su pirámide algo menor y los templos de Quetzalpapalotl, de los Jaguares y de los Caracoles Emplumados. Conviene ir premunidos de un buen sombrero de ala ancha, calzado cómodo y resignarse a caminar mucho sin hacer caso de los numerosos vendedores de recuerdos que merodean alrededor de los turistas cual insistentes mosquitos. Atender a uno de ellos es condenarse a ser seguido por todos los demás. Lo mismo que venden y de más calidad puede ser adquirido a mejor precio en los puestos establecidos a la salida del parque arqueológico.
Recuerdo haber tomado un tour para visitar este sitio la primera vez. Era un día de semana de baja demanda y el van quedó exclusivo para nosotros tres. El guía resultó ser muy simpático y con un fino humor. Rápidamente nos hicimos amigos y nos divirtió con sus salidas. Se llamaba Javier y nos decía: “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. En el camino a Teotihuacán pasamos por una plazoleta donde había una iglesia y en ese momento una pareja de novios salía en medio de la algarabía de sus amigos y familiares que echaban puñados de arroz sobre sus cabezas. Javier nos mostró la escena y comentó: “una virgen menos y un Cristo más”. Almorzamos después de la visita en un parador donde había buffet mexicano, marimbas, bailes de un grupo azteca y, en el patio, un burrito que se empinaba una botella de cerveza. Aprendimos allí algo sobre el tequila, mucho sobre el ágave, planta maravillosa y casi mágica para los aztecas desde donde se obtiene el tequila, el pulque, brebaje menos refinado como una cerveza, aguja e hilo para coser, fibra para tejer vestimentas y edificar casas, una lámina vegetal que sirve para cicatrizar heridas y curar quemaduras, base del áloe vera, una pulpa carnosa que se puede comer y sirve de alimento, al exprimirla se obtiene agua para la sed, la espina sirve de punta para flechas, la hoja gruesa puede proteger del sol. Recomiendo leer el libro de Gary Jennings “Azteca” donde se podrá compender mejor esta extraordinaria civilización mesoamericana y explicar por qué fueron dominados por los españoles que en reducido número lograron conquistar México.

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