Suben los precios de los andrajos.

¡Al fin los pobres tienen una oportunidad de ganancia con su propia condición de pobres! Los andrajos, es decir, la ropa deteriorada, usada hasta el extremo, manchada y semidestruida, están adquiriendo hoy un alto precio en el mercado de la moda juvenil. Los jeans en estas condiciones han pasado a ser ropa de culto, se compite por destacarse luciendo los mejores hoyos y las más originales manchas. Una prenda en estado lamentable, que antes era desechada sin contemplaciones, que con dificultad era aceptable por un pordiosero y daba vergüenza donarla a instituciones de beneficencia, hoy se comercia a valores superiores a las prendas nuevas impecables y bajo la licencia de reconocidas marcas. Se preocupan, eso sí, que la etiqueta luzca como nueva… Se abre otro nicho de mercado. Hay que aprovecharlo. Y probablemente los comerciantes más avispados ya lo están haciendo.

Recuerdo una ocasión cuando era joven y empezando a trabajar en Santiago. Fui a visitar a un comerciante de la calle Patronato, y al despedirme me dijo: amigo, llévese un jean de regalo. Yo los fabrico para todas las marcas de moda. Elija una, le ponemos de inmediato la etiqueta, las tenemos todas. Acepté, no estaba en condiciones todavía de poder comprar uno de marca. Creo que escogí un “auténtico” futuro Kalvin Klein.

Y así, estoy casi seguro que hoy estos mismos fabricantes están reciclando ropa vieja, la lavan, le agregan unas manchitas y listo…al mercado como exclusividad. Se explota la ingenuidad, prima hermana de la tontería, de aquella juventud que se deslumbra con las modas en curso siguiendo al rebaño masivo que viste la uniformidad de la mediocridad. Porque no hay moda más estúpida que vestirse con andrajos que se pagan al precio de una prenda de lujo. Cuando bastaría con ponerse lo que está al fondo del baúl o arrumbado en el desván. O deteriorar voluntariamente uno no tan viejo, pero muy usado. Se recomienda, en todo caso, efectuar algunos calados especiales y situarlos en forma estratégica de tal modo que puedan atraer rápidamente la atención de las miradas del sexo opuesto. Y listo, sin gastar un peso.

Desde el momento que algo se masifica, deja de ser original. Y más prurito genera cuando se trata de actitudes limítrofes con el ridículo.

¡Cuándo será el día que los jóvenes se preocupen más de “enchular” de verdad sus mentes y conciencias!

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