El vino chileno: maravillosa medicina al alcance de todos.

 

El vino, zumo fermentado de la uva, fruto de la planta Vitis vinifera, o vid, es tan antiguo como la humanidad misma. Ya la Biblia lo menciona en el Génesis 9:20,21, cuando Noé planta una viña y se embriaga después de acabado el diluvio. Según los antiguos egipcios, Osiris enseñó al hombre el arte de la vinificación que luego, entre los griegos clásicos, fue atribuido a Dionisos que se ganó un lugar de privilegio en el Olimpo por haber descubierto la vid. Los romanos dieron el nombre de Baco a este pequeño y juguetón dios, plantaron vides en todo el imperio en cualquier lugar que aceptara su crecimiento y difundieron el hábito de beber vino.

Ni qué decir que estos vinos de la antigüedad nada tienen que ver con los modernos caldos que se obtienen hoy en nuestro país. Eran de muy baja calidad, debido especialmente a la contaminación a la que se exponían por ser guardados en envases poco apropiados. Durante la Edad Media, monjes y monarcas cristianos, como Carlomagno, tomaron en sus manos y mejoraron este arte, motivados por la fuerte asociación mística del vino con la última cena de Jesucristo y la consagración de la sangre. Famosos frailes vinculados con la historia del vino han pasado a la posteridad, como Dom Perignon, descubridor de la segunda fermentación que dio origen al vino espumante (champaña) en el siglo XVII, una vez que fuera introducida la botella de vidrio y el corcho en su preservación.

Y aquí estamos hoy en Chile exportando cantidades crecientes de vinos de excelente calidad, recuperando cepas ya extinguidas en Europa, como el carmenère que puede ser considerada nuestra “cepa Chile” en este momento. Veamos ahora por qué esta celestial bebida ha recibido la denominación de medicamento.

LA PARADOJA FRANCESA.

Se conoce con este nombre al hecho epidemiológico que muestra que la mortalidad por infarto es mucho menor en Francia que en otros países industrializados como Inglaterra o Estados Unidos, a pesar que las grasas saturadas de la dieta son semejantes y los valores de colesterol sanguíneo también. Estudios de otros factores de riesgo, como tabaquismo, hipertensión arterial, obesidad, no aclaran esta diferencia. La explicación parece estar relacionada con la dieta mediterránea de los franceses, rica en frutas, vegetales, queso, pan y…vino, que es consumido en cantidades de 200-400 ml al día (dos a cuatro copas).

¿Hay algún factor protector en el vino para la enfermedad coronaria? Efectivamente, estudios posteriores revelaron que son los polifenoles antioxidantes, compuestos que previenen el estrés oxidativo sobre las células, que finalmente es el proceso responsable del envejecimiento, arteriosclerosis, enfermedades degenerativas como la artrosis, algunos tipos de cáncer, algunas enfermedades neurológicas.

Estos polifenoles antioxidantes son privativos del vino tinto. En los blancos, se pierden durante el proceso de fermentación de este tipo de vino. Estudios realizados en Escocia en 1998 con cepas de todo el mundo, reveló que una cepa de Cabernet Sauvignon de la zona de Lontué, de Chile, tenía los más elevados índices de polifenoles oxidativos. Es decir, nuestros mostos son los más saludables del mundo.

En el estrés oxidativo celular intervienen unas moléculas conocidas como radicales libres que se forman y degradan normalmente durante los procesos del metabolismo. Pero cuando se forman más que se degradan y se van acumulando, se transforman en agentes del estrés oxidativo celular. El cigarrillo, la hipertensión, la diabetes, la obesidad mórbida y las enfermedades hepáticas aumentan la generación de radicales libres. El consumo de antioxidantes en la dieta, como las vitaminas C y E, caroteno y Selenio, previene la formación de estos radicales. Y los polifenoles son los más poderosos, superando incluso a la actividad de aquéllos. Por eso nuestros tintos pasan a tener verdaderas propiedades terapéuticas. Una copa diariamente para las mujeres y dos para los varones son las dosis recomendadas. Estos descubrimientos son los que contribuyeron explicar la paradoja francesa.

¡No estaban tan despistadas nuestras abuelitas cuando bebían una copita de vino añejo cada día!

¡Salud, entonces, con cualquier reserva del valle de Lontué del 2005 (un año excepcional, al decir de los entendidos).

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