El fabuloso tomate.

 La planta del tomate es originaria de América y los conquistadores de México, Cortés y los que le siguieron, la llevaron a Europa. Su nombre deriva del nahuatl, idioma hablado por los antiguos aztecas, que le llamaron tomatl. Curiosamente, aún hoy los mexicanos llaman al tomate rojo “jitomate”, nombre derivado del antiguo xietlitomatl de los aztecas. Tan difundido está, que en muchas latitudes se ignora su origen americano y hay casos descritos de haberse encontrado en la carta de hoteles destacados, platos de comida “típicamente europea” confeccionados a base de tomates.

En Europa demoró su introducción como alimento, al comienzo sólo se le dio valor decorativo, dándole el nombre de Lycopersicum sculentum, creyéndolo de naturaleza tóxica. Cuando finalmente entró a la cocina en Italia y Francia se transformó en el predilecto de los chefs por su firme textura, colorido y facilidad para preparar salsa. Los italianos lo llamaron “pomo d’oro” y los franceses, “pomme d’amour”, atribuyéndole propiedades afrodisíacas.

Esta verdadera fruta, mal llamada hortaliza, pues se desarrolla a partir de una flor, tiene un elevado valor nutricional. Es rica en potasio, por lo tanto es adecuada para los que están en tratamiento con diuréticos; tiene vitamina C, poderoso antioxidante natural; calcio, fósforo y magnesio, con lo cual contribuye a prevenir la osteoporosis. Su elevado contenido de agua estimula la diuresis y baja el ácido úrico (gota).Además, es de bajo valor calórico, dos tomates medianos sólo tienen 40 calorías, por lo tanto es ideal para confeccionar dietas reductoras de peso.

Pero un nuevo aspecto de gran interés se ha descubierto con el LICOPENO, pigmento que da el color rojo al tomate. Este compuesto es un poderoso antioxidante que destruye los radicales libres causantes del estrés oxidativo celular, origen del envejecimiento, cáncer y enfermedades como el Alzheimer (ver “El vino chileno…”). Y hay evidencias que es capaz de prevenir el cáncer de la próstata en el hombre. Así quedó demostrado en un importante trabajo de investigación realizado por la Universidad de Harvard en 1995. Dos vasos de jugo de tomate al día son también efectivos para bajar el colesterol “malo” y elevar el colesterol “bueno”, ayudando a prevenir los accidentes cardiovasculares y el infarto cardíaco.

Consumirlo crudo, cocido, frito, hecho salsa, jugo, en gazpacho, constituye una auténtica fuente de salud. Detrás de esta roja y blanda esfera se esconde un inagotable tesoro nutricional y hasta el momento no se ha encontrado ningún medicamento que reúna tantas propiedades terapéuticas juntas como las que posee el tomate.

Desde ahora, el único aperitivo que tomaré será un “Bloody Mary”.

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