Educar es más que enseñar.

La “revolución de los pingüinos” puso en el tapete de la actualidad el problema de la calidad de la educación chilena. Y también las dudas sobre la idoneidad del programa educacional del Gobierno en nuestro país. Y muchas otras interrogantes relacionadas con este tema. Porque la educación es fundamental para el desarrollo de cualquier pueblo. Si ésta falla, habrá deterioro progresivo de la masa crítica de intelectualidad necesaria para provocar los cambios positivos. Esta es la situación denunciada por los jóvenes. Esta parece ser nuestra realidad.

Educar es más que enseñar conocimientos, habilidades o destrezas. Es, más que nada, adquirir y modificar hábitos conductuales. Es crear una conciencia crítica frente al mundo y entregar las herramientas para la búsqueda del conocimiento. Es fomentar el uso racional de los derechos y el respeto de los deberes.

Educar significa, entre muchas otras cosas, el buen uso del lenguaje materno. El castellano. Alguna autoridad – oportunidad para el Ministerio de la Cultura, recientemente creado – debería estar vigilando que la señalización (no “señalética”, que no existe en el diccionario) esté escrita en buen castellano. Debería custodiar que los avisos publicitarios no se presenten con faltas de ortografía, lo mismo que el lenguaje de los diarios y revistas editados en el país, en la televisión, y en cualquier medio escrito de tipo público. Hoy da vergüenza observar cómo se adultera nuestro idioma en todos los medios. Esas campañas realizadas por el profesor Banderas tienen plena vigencia ahora y es una lástima que ya no tengamos alguien como él dando estas clases. Un juez de Puerto Montt que devuelve los escritos de abogados porque vienen llenos de faltas de ortografía, es un verdadero educador, a mi juicio, y estaría en la línea acertada de tratar de mejorar lo falaz. Lamentablemente esta actitud no es compatible con el protocolo legalmente aceptado. Es lastimoso que profesionales con varios años de estudios universitarios no sepan escribir en su propio idioma. Una muestra más del grado de precariedad de nuestra educación general. Cuando estudiaba en la universidad, recuerdo que nos bajaban puntos en las pruebas por las faltas de ortografía. Y todas eran de tipo desarrollo. Hoy sólo saben poner rayitas y ya nadie se toma la molestia de escribir. Por eso es que estamos como estamos.

Encuestas recientes revelan que un 59 % de los altos ejecutivos y gerentes apenas comprenden lo que leen. Y que el 60 % de los santiaguinos declara no haber leído ni siquiera un libro en los últimos 12 meses. Antes se exigía una prueba de comprensión y redacción para aprobar el Bachillerato. Hemos retrocedido. El chileno medio se maneja con ¡300 palabras! Cuando unas 3.000 son necesarias para que se considere un promedio cultural básico adecuado. Es decir, estamos 10 veces debajo de lo conveniente. Así es difícil salir adelante en el desarrollo cultural. Y si agregamos la pérdida paulatina del hábito de la lectura, el camino se hace más cuesta arriba.

Educación es progreso y crecimiento económicos, respeto ciudadano y urbanidad, y, mediante la incorporación de valor agregado al conocimiento simple, favorece el desarrollo de tecnologías superiores. Es, finalmente, la construcción de una cultura que nos identificará como nación. Lo contrario, nos llevará poco a poco de regreso a la barbarie…adonde parece que nos vamos encaminando.

¡Para darse cuenta, sólo tenemos que abrir los ojos y mirar alrededor!

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